Mostrando entradas con la etiqueta Textos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Textos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de febrero de 2015

La crítica de Kant al argumento ontológico sobre la existencia de Dios

Como vimos en clase, Descartes desarrolla en su Discurso del Método un argumento similar al de Anselmo de Canterbury para demostrar la existencia de Dios partiendo del análisis de su idea. Este argumento a priori denominado por Kant "ontológico", para distinguirlo de las pruebas "cosmológicas" o a posteriori, recibió una severa crítica del autor alemán. La base de la crítica de Kant es que el argumento es inválido porque se basa en la idea de que un ser que existe realmente es más perfecto que uno que sólo es un mero concepto del entendimiento. Dios, esto es, el ser perfecto, tiene por tanto que existir. Según Kant, el argumento pierde su peso cuando partimos del hecho de que la existencia no es "un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa" (KrV, A 598/B626). Cuando decimos de algo que "es", no añadimos nada a la idea de ese algo, sólo decimos que tiene una realidad frente a nosotros que lo conocemos como real. Todo predicado de existencia implica un juicio basado en la experiencia y no puede, por tanto, llevarse a cabo a priori. Veamos esto en el texto de Kant:

Si ahora tomo juntamente el sujeto (Dios) con todos sus predicados (entre ellos la omnipotencia) y digo ”Dios es” o “hay un Dios”, no pongo ningún nuevo predicado al concepto de Dios, sino que pongo solo el sujeto en sí mismo, con todos sus predicados y pongo el objeto en relación con mi concepto. Ambos deben contener exactamente lo mismo y por lo tanto nada puede añadirse al concepto, que solo expresa la posibilidad, por el hecho de que yo piense su objeto como absolutamente dado (por la expresión “él es”). Lo real no contiene más de lo que contiene lo posible. Cien táleros reales no contienen lo más mínimo mas que cien táleros posibles. Pues como estos significan el concepto y aquellos el objeto y su posición en sí mismo, si este contuviera más que aquel, mi concepto no expresaría todo el objeto y no sería su concepto adecuado. Pero en mi situación de fortuna hay más en cien táleros reales que en el mero concepto de cien táleros (es decir, en su posibilidad). Pues el objeto, en la realidad, no esta solo contenido analíticamente en mi concepto, sino que se añade sintéticamente a mi concepto (que es una determinación de mi estado), sin que por ese ser fuera de mi concepto los referidos cien táleros mismos se hayan aumentado en lo mas mínimo. (KrV, A 599/B 627)

N.B. El tálero (del alemán thaler, del valle) es una antigua moneda de plata de Alemania.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Aquí os dejo algunos textos de Aristóteles en los que se refiere a la naturaleza del alma y a la posible inmortalidad del alma intelectiva. Leedlos con atención y, como tarea voluntaria, estableced una comparación en la consideración que Platón y Aristóteles tiene del alma humana:

El intelecto, por su parte, parece ser -en su origen- una entidad independiente y que no está sometida a corrupción. A lo sumo, cabría que se corrompiera a causa del debilitamiento que acompaña a la vejez, pero no es así, sino que sucede como con los órganos sensoriales: y es que si un anciano pudiera disponer de un ojo apropiado vería, sin duda, igual que un joven. De manera que la vejez no consiste en que el alma sufra desperfecto alguno, sino en que lo sufra el cuerpo en que se encuentra, y lo mismo ocurre con la embriaguez y las enfermedades. La intelección y la contemplación decaen al corromperse algún otro órgano interno, pero el intelecto mismo es impasible. Discurrir, amar u odiar no son, por lo demás, afecciones suyas, sino del sujeto que lo posee en tanto que lo posee. Esta es la razón de que, al corromperse éste ni recuerde ni ame: pues no eran afecciones de aquél, sino del conjunto que perece. En cuanto al intelecto, se trata sin duda de algo más divino e impasible.
Aristóteles, Acerca del alma, Libro Primero, IV



Ahora bien, entre los cuerpos naturales los hay que tienen vida y los hay que no la tienen; y solemos llamar vida a la autoalimentación, al crecimiento y al envejecimiento. De donde resulta que todo cuerpo natural que participa de la vida es entidad, pero entidad en el sentido de entidad compuesta. Y puesto que se trata de un cuerpo de tal tipo -a saber, que tiene vida- no es posible que el cuerpo sea el alma: y es que el cuerpo no es de las cosas que se dicen de un sujeto, antes al contrario, realiza la función de sujeto y materia. Luego el alma es necesariamente entidad en cuanto forma específica de un cuerpo natural que en potencia tiene vida. Ahora bien, la entidad es entelequia, luego el alma es entelequia de tal cuerpo. (…)
Queda expuesto, por tanto, de manera general qué es el alma, a saber, la entidad definitoria, esto es, la esencia de tal tipo de cuerpo. Supongamos que un instrumento cualquiera -por ejemplo, un hacha- fuera un cuerpo natural: en tal caso el «ser hacha» sería su entidad y, por tanto, su alma, y quitada ésta no sería ya un hacha a no ser de palabra. Al margen de nuestra suposición es realmente, sin embargo, un hacha: el alma no es esencia y definición de un cuerpo de este tipo, sino de un cuerpo natural de tal cualidad que posee en sí mismo el principio del movimiento y del reposo.
Aristóteles, Acerca del alma, Libro Segundo, I
(Biblioteca Clásica Gredos. Traducción: Tomás Calvo Martínez)
(...) el alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y razonamos primaria y radicalmente. Luego habrá de ser definición y forma específica, que no materia y sujeto. En efecto: dado que, como ya hemos dicho, la entidad se entiende de tres maneras —bien como forma, bien como materia, bien como el compuesto de ambas— y que, por lo demás, la materia es potencia mientras que la forma es entelequia y puesto que, en fin, el compuesto de ambas es el ser animado, el cuerpo no constituye la entelequia del alma, sino que, al contrario, ésta constituye la entelequia de un cuerpo. Precisamente por esto están en lo cierto cuantos opinan que el alma ni se da sin un cuerpo ni es en sí misma un cuerpo. Cuerpo, desde luego, no es, pero sí, algo del cuerpo, y de ahí que se dé en un cuerpo y, más precisamente, en un determinado tipo de cuerpo (...) Resulta ser así, además, por definición: pues en cada caso la entelequia se produce en el sujeto que está en potencia y, por tanto, en la materia adecuada. Así pues, de todo esto se deduce con evidencia que el alma es entelequia y forma de aquel sujeto que tiene la posibilidad de convertirse en un ser de tal tipo.
Aristóteles, Acerca del alma, Libro Segundo, II
(Biblioteca Clásica Gredos. Traducción: Tomás Calvo Martínez)
Textos tomados de: e-torre de Babel, Aristóteles.
Todos estos textos están sacados de la obra titulada Sobre el alma (más conocida por su título en latín De anima). Aquí podéis ojearla completa:

Aristoteles - Acerca del Alma

domingo, 29 de septiembre de 2013

¿Son igualmente válidas todas las opiniones?

Uno de los asuntos sobre los que discutieron Sócrates y los sofistas fue si todas las opiniones son igualmente válidas o si hay algunas que son mejores que otras. Como ejemplo de esto vamos a leer un texto de un diálogo platónico titulado Critón:
Sócrates  - Querido Critón, tu buena voluntad sería muy de estimar, si le acompañara algo de rectitud; si no, cuanto más intensa, tanto más penosa. Así pues, es necesario que reflexionemos si esto debe hacerse o no. Porque yo, no sólo ahora sino siempre, soy de condición de no prestar atención a ninguna otra cosa que al razonamiento que, al reflexionar, me parece el mejor. Los argumentos que yo he dicho en tiempo anterior no los puedo desmentir ahora porque me ha tocado esta suerte, más bien me parecen ahora, en conjunto, de igual valor y respeto, y doy mucha importancia a los mismos argumentos de antes. Si no somos capaces de decir nada mejor en el momento presente, sabe bien que no voy a estar de acuerdo contigo, ni aunque la fuerza de la mayoría nos asuste como a niños con más espantajos que los de ahora en que nos envía prisiones, muertes y privaciones de bienes. ¿Cómo podríamos examinar eso más adecuadamente? Veamos, por lo pronto, si recogemos la idea que tú expresabas acerca de las opiniones de los hombres, a saber, si hemos tenido razón o no al decir siempre que deben tenerse en cuenta unas opiniones y otras no. ¿O es que antes de que yo debiera morir estaba bien dicho, y en cambio ahora es evidente que lo decíamos sin fundamento, por necesidad de la expresión, pero sólo era un juego infantil y pura charlatanería? Yo deseo, Critón, examinar contigo si esta idea me parece diferente en algo, cuando me encuentro en esta situación, o me parece la misma, y, según el caso, si la vamos a abandonar o la vamos a seguir. Según creo, los hombres cuyo juicio tiene interés dicen siempre, como yo decía ahora, que entre las opiniones que los hombres manifiestan deben estimarse mucho algunas y otras no. Por los dioses, Critón, ¿no te parece que esto está bien dicho? En efecto, tú, en la medida de la previsión humana, estás libre de ir a morir mañana, y la presente desgracia no va a extraviar tu juicio. Examínalo. ¿No te parece que está bien decir que no se deben estimar todas las opiniones de los hombres, sino unas sí y otras no, y las de unos hombres sí y las de otros no? ¿Qué dices tú? ¿No está bien decir esto?
CRIT.- Está bien.
Sócrates  - ¿Se deben estimar las valiosas y. no estimar las malas?
Critón - Sí.
Sócrates  - ¿Son valiosas las opiniones de los hombres juiciosos, y malas las de los hombres de poco juicio?
Critón - ¿Cómo no?
Sócrates  - Veamos en qué sentido decíamos tales cosas. Un hombre que se dedica a la gimnasia, al ejercitarla ¿tiene en cuenta la alabanza, la censura y la opinión de cualquier persona, o la de una sola persona, la del médico o el entrenador?
Critón -La de una sola persona.
Sócrates  -Luego debe temer las censuras y recibir con agrado los elogios de aquella sola persona, no los de la mayoría.
Critón - Es evidente.
Sócrates -Así pues, ha de obrar, ejercitarse, comer y beber según la opinión de ése solo, del que está a su cargo y entiende, y no según la de todas los otros juntos.
Critón - Así es.
Sócrates  - Bien. Pero si no hace caso a ese solo hombre y desprecia su opinión y sus elogios, y, en cambio, estima las palabras de la mayoría, que nada entiende, ¿es que no sufrirá algún daño?
Critón - ¿Cómo no?
Sócrates  - ¿Qué daño es este, hacia dónde tiende y a qué parte del que no hace caso?
Critón - Es evidente que al cuerpo; en efecto, lo arruina.
Sócrates  - Está bien. Lo mismo pasa con las otras cosas, Critón, a fin de no repasarlas todas. También respecto a lo justo y lo injusto, lo feo y lo bello, lo bueno y lo malo, sobre lo que ahora trata nuestra deliberación, ¿acaso debemos nosotros seguir la opinión de la mayoría y temerla, o la de uno solo que entienda, si lo hay, al cual hay que respetar y temer más que a todos los otros juntos? Si no seguimos a éste, dañaremos y maltrataremos aquello que se mejora con lo justo y se destruye con lo injusto. ¿No es así esto?
Critón -Así lo pienso, Sócrates.
Sócrates  -Bien, si lo que se hace mejor por medio de lo sano y se daña por medio de lo enfermo, lo arruinamos por hacer caso a la opinión de los que no entienden, ¿acaso podríamos vivir al estar eso arruinado? Se trata del cuerpo, ¿no es así?
Critón - Sí.
Sócrates  -¿Acaso podemos vivir con un cuerpo miserable y arruinado?
Critón -De ningún modo.
Sócrates  -Pero ¿podemos vivir, acaso, estando dañado aquello con lo que se arruina lo injusto y se ayuda a lo justo? ¿Consideramos que es de menos valor que el cuerpo la parte de nosotros, sea la que fuere, en cuyo entorno están la injusticia y la justicia?
Critón.-De ningún modo.
Sócrates  - ¿Ciertamente es más estimable?
Critón - Mucho Más.
Sócrates  -Luego, querido amigo, no debemos preocuparnos mucho de lo que nos vaya a decir la mayoría, sino de lo que diga el que entiende sobre las cosas justas e injustas, aunque sea uno sólo, y de lo que la verdad misma diga.