domingo, 10 de mayo de 2015

"El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza". K. Marx.

El análisis que Marx hace del capitalismo se basa en la idea de que el capital siempre busca ser invertido productivamente, esto es, para generar un beneficio o plusvalía. Es lo que se llama el circuito D-M-D (dinero-mercancía-dinero). Este funcionamiento implica un momento inicial de acumulación de capital que pueda luego ser invertido. ¿De dónde surge el capital? Los teóricos del liberalismo, como John Locke habían explicado este hecho como el resultado de la laboriosidad de algunos hombres, que habrían acumulado el producto de su trabajo en forma de dinero. Según Marx esta visión idílica no resiste un mínimo análisis histórico. Por el contrario, según él, el estudio de los datos reales nos dice que la acumulación capitalista en la Europa de los inicios de la revolución industrial estuvo basada en la conquista y explotación violenta de otros territorios y pueblos por las potencias coloniales. Así lo explica en su libro El Capital: 

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: tales son los hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria. Tras ellos, pisando sus huellas, viene la guerra comercial de las naciones europeas, con el planeta entero por escenario. Rompe el fuego con el alzamiento de los Países Bajos, que se sacuden el yugo de la dominación española, cobra proporciones gigantescas en Inglaterra con la guerra antijacobina, sigue ventilándose en China en las guerras del opio, etc.


     Las diversas etapas de la acumulación originaria tienen su centro, en un orden cronológico más o menos preciso, en España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. Es aquí, en Inglaterra, donde a fines del siglo XVII se resumen y sintetizan sistemáticamente en el sistema colonial, el sistema de la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista. En parte, estos métodos se basan, como ocurre con el sistema colonial, en la más burda de las violencias. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del modo feudal de producción en el modo capitalista y acortar las transiciones. La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es ella misma una potencia económica.
 
     Del sistema colonial cristiano dice un hombre, que hace del cristianismo su profesión, W. Howitt:

«Los actos de barbarie y de desalmada crueldad cometidos por las razas que se llaman cristianas en todas las partes del mundo y contra todos los pueblos del orbe que pudieron subyugar, no encuentran precedente en ninguna época de la historia universal ni en ninguna raza, por salvaje e inculta, por despiadada y cínica que ella sea».

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Para seguir leyendo el capítulo XXIV de la primera parte de El Capital titulado El secreto de la acumulación originaria.

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